Conocidas eran las condiciones que enfrentaremos al cabo de cuatro años más de periodísticas clases, aún así estos datos impactan. Si bien no se trata de correr a otra carrera por miedo a ser cesantes (lo que yo diría que ya somos) vale tomar un poco de conciencia si esa adaptabilidad de la que "gozamos" los humanos ha apaciguado este temor. Aquí las cosas son claras, los mejores tendrán pega y punto. Obviamente dejando de lado un amplio porcentaje de quienes conseguirán empleo vía pituto y otras costumbres propias de este lindo país tan lleno de smog y transantiago.
Por mientras, las clases continúan y no hay mucho que decir al respecto, los plazos para los trabajos son claros, las pruebas están fijadas, y cada uno se salva y salvará el pellejo académicamente. Porque el asunto se complicó y se puso obtuso desde el momento que elegimos cursar una de las carreras que -creo yo- está entre las menos apreciadas nacionalmente. Cuántas veces escuchamos ese "¿¿periodismo??" venir de familiares, alarmados por nuestra decisión universitaria. Y para justificar el por qué de esto habría que redundar en los datos de siempre; sobrepoblación de profesionales, malos sueldos, perspectivas no realizadas y mil desventuras más. Vale mencionar también, el ranking sobre las mejores escuelas de periodismo del país, el que para muchos sirve como pronóstico de la competencia que se viene. Personalmente considero que quien se aplique sabrá como salir adelante y, que como sea la verdad y la mentira en este asunto, la actitud comienza a verse desde ahora.
Al respecto Paris aporta a este escrito diciendo: "El periodismo se limita a una quinceañera con un pijama de juan carlos bodoque".
kcho











